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16
May
Sanciones, reformas, deuda común, menos burocracia: ¿y si es Alemania quien está frenando a la UE?

Alemania se está reconvirtiendo: los tiempos de crisis han vuelto a Berlín más pragmático si cabe… ¿y menos europeísta? El país afronta una crisis que no tiene precedentes en su historia moderna y el Gobierno de coalición que lidera Friedrich Merz y que forman su CDU y los socialdemócratas ya ha sufrido sus primeras críticas. «No hay alternativa», aseguró el líder conservador como respuesta. Lo cierto es que su enfoque para Europa mira mucho más la simplificación normativa y la manera de ‘deshacer’ o suavizar legislación que la forma de apostar por la integración del bloque comunitario, así que para muchos críticos es la idea germana la que está frenando a la Unión. Merz, mientras, hace su propio diagnóstico en clave nacional: «Simplemente fracasamos en modernizar nuestro país. Alemania necesita recomponerse», expuso este mismo martes.Fuentes diplomáticas de varios países consultadas por 20minutos explican que la confrontación de dos modelos tiene lógica: los que apuestan por más integración europea, como España, o los que no la ven como una prioridad, como la propia Alemania. Pero en Bruselas los más críticos ven al canciller Merz ejerciendo demasiada presión sobre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que es de su mismo partido. Las mismas fuentes, eso sí, quitan peso a la influencia directa que pueda tener Berlín en las propuestas que vayan saliendo del Ejecutivo comunitario. En el Gobierno español, por ejemplo, alertan de que la simplificación puede convertirse en una «desregulación masiva».Merz quiere menos burocracia, pero eso tiene riesgos: la desregulación es una idea que ronda la cabeza de la Comisión Europea desde hace meses, sobre todo por presión del arco derecho del Parlamento Europeo; una UE más ágil requiere de menos normas y por eso Bruselas va poniendo sobre la mesa los llamados paquetes Omnibus, que abarcan desde la industria al transporte pasando por las pequeñas y medianas empresas. Esa es la idea que comparte Alemania pero que al mismo tiempo puede poner en jaque, si no se acierta, la base principal de la Unión que es el mercado único.»Estamos decididos a impulsar un cambio para que, tanto en Europa como en los Estados miembros, podamos crear de forma más rápida y eficaz un entorno en el que las empresas puedan crecer y desarrollar la competitividad global que necesitan», avisó Von der Leyen en una visita reciente precisamente a Berlín, donde además quedó palpable que el Gobierno de Merz no está del todo cómodo con una propuesta clave a corto y medio plazo: el sello Made in Europe, que aboga por dar preferencia a la producción comunitaria en una lucha estratégica contra Estados Unidos y China, y que Francia defiende con uñas y dientes. Ese ha sido motivo como poco de roce entre germanos y galos.Alemania también está frenando por ejemplo una mayor dureza con Israel, aunque ahí suma a otros socios importantes. No le ve sentido a suspender el acuerdo de asociación con Israel, algo que pide con vehemencia España por «coherencia», dice el Gobierno, en política exterior europea y para no tener «un doble rasero» con lo que pasa en Gaza y lo que pasa en Ucrania. Berlín no le ve sentido pero también ha hecho oídos sordos a la revisión del pacto, algo que han reclamado a la Comisión Europea un total de 17 Estados miembros. Tampoco apoya el Gobierno de Merz sanciones más duras contra Tel Aviv -más allá de las pactadas contra los colonos israelíes en Cisjordania esta misma semana- ni quiere cortar las relaciones comerciales con Israel. Alemania lo ve contraproducente y los más críticos con esa postura alegan que el país está llevando demasiado lejos su deuda histórica por el Holocausto.No hay sorpresa, no obstante, en que el Gobierno germano no quiera más deuda común europea. Pero tampoco aboga por un presupuesto más amplio para la UE. «Europa debe arreglárselas con el dinero que tenemos y esto también significa que tenemos que fijar nuevas prioridades», llegó a decir el propio Merz en la última cumbre de líderes en Chipre. «Lo que Alemania no se plantea es un aumento de la deuda ni tampoco bonos europeos en los mercados de capitales. Esta es una posición que no sostiene Alemania. Lo saben los colegas. Muchos comparten mi opinión», añadió, desmarcado de otros socios como de nuevo España o Francia, que sí quieren explorar esa vía como se hizo tras la pandemia.La incoherencia en la que ha caído Berlín en este sentido es clara: sí se aprobó y sí participa Alemania por ejemplo de la deuda conjunta para el préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania para los próximos dos años. Las fuentes diplomáticas, en este sentido, entienden que es fórmula de compartir carga ha llegado a la UE para quedarse, y recuerdan que en 2020 Angela Merkel también se opuso en un inicio a ella para salir de la crisis económica y sanitaria.La integración de la UE es una utopía en muchos momentos, pero más en la cabeza de Merz. La ortodoxia alemana aplica también a debates que se han aparcado del todo como una potencial reforma de los Tratados para acabar con la mayoría cualificada, algo que sí defiende de hecho Von der Leyen. Merz no quiere que Europa caiga de nuevo en las manos de EEUU o China, pero no se desmarca del todo de Trump por ejemplo en la guerra de Irán; los expertos ven una vuelta de Alemania al liderazgo europeo tras los años de zozobra de Scholz. El Gobierno actual se sabe la teoría… pero muestra incoherencias en la práctica y la conclusión sigue siendo que si el motor alemán no arranca, Europa no puede acelerar.

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