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AuthorAlex
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Les tomaron por locos. Nadie apostaba ni una peseta por que los cinco hermanos Crespo serían capaces de ganar dinero con las milenarias almadrabas de Cádiz, después de que el Consorcio Nacional Almadrabero decidiera en 1973 disolver su actividad en la pesca del atún rojo. Pero lo consiguieron y el derrotismo viró en esperanza. Los japoneses aparecieron en 1976 y, durante décadas, compraron casi la totalidad de lo pescado. «Nos decían que no había mercado en España», señalan de la familia Crespo. Y también esa barrera cayó a mediados de los 2000. El atún rojo llegó a la alta cocina española para quedarse y hoy, la revolución va viento en popa. Ya el 50% de lo pescado se queda en el mercado nacional. Es el camino que va del mar al plato en una pingüe red que nutre a la hostelería y el turismo.
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