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Meloni, Sánchez, Macron o Tusk: por qué las elecciones europeas son también un plebiscito para algunos gobiernos

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04
May
Meloni, Sánchez, Macron o Tusk: por qué las elecciones europeas son también un plebiscito para algunos gobiernos

Es un mantra bastante repetido que las elecciones europeas son unos comicios de segundo orden, pero eso parece haber cambiado en 2024. Entre el 6 y el 9 de junio los europeos van a las urnas en un contexto marcado por la exigencia y la inestabilidad global, por lo que la perspectiva común de la cita cobra todavía más importancia. Pero eso no quiere decir que las elecciones no puedan ser a la vez una especie de plebiscito para algunos gobiernos que se encuentran en un momento clave de sus mandatos. Valen cuatro ejemplos de diferentes puntos de la Unión Europea para hablar de esta tesis.El primero y el más cercano es el de Pedro Sánchez en España. Su amago de dimisión; su sí pero no y su continuidad sin más novedades pueden haber erosionado su imagen, ya de por sí desgastada a nivel nacional pero que mantiene (mantenía) buen tino en la esfera de la UE. Una salida le hubiera abierto las puertas de un alto cargo en la Unión, sobre todo con la mirada puesta en la presidencia del Consejo Europeo, pero ahora siguiendo en Moncloa lo fía todo a un resultado aceptable el 9 de junio y a colocar a Teresa Ribera, su cabeza de lista, en un puesto potente en la nueva Comisión Europea.Casi todas las elecciones desde que llegó al poder han sido una prueba para su gestión, y las europeas no iban a ser menos. Los sondeos no le son amables a un Sánchez que verá cómo no solo el PP gana los comicios -si se cumplen las encuestas- sino que además podría acabar con PSOE con menos eurodiputados que en 2019, cuando Borrell arrasó con 21 asientos. En el otro lado, para Alberto Núñez Feijóo una victoria en junio podría servir para confirmar un cambio de ciclo que se quedó a medias el pasado 23 de julio en las generales. Además, Génova tendrá el paraguas de que el PPE seguirá siendo, salvo catástrofe, el grupo mayoritario en el Parlamento Europeo, lo que permitirá por tanto que Ursula von der Leyen se mantenga al frente de la Comisión.

También se la juegan Emmanuel Macron y Olaf Scholz en Francia y Alemania, estos por cuestiones obvias. El llamado motor de la UE afronta un pequeño terremoto en las europeas. El presidente galo está muy desgastado a nivel nacional y Marine Le Pen ya ronda el 30% en intención de voto en todas las encuestas. Asimismo, las ideas de Macron de abrirse a enviar tropas a Ucrania o su impulso a la industria europea no parecen tener un efecto importante en la ciudadanía; por otro lado, la cita de junio puede ser un campo de pruebas para lo que pase en 2027, cuando el presidente ya no se podrá presentar. Lo que suceda en París servirá, en definitiva, para aupar el perfil de Le Pen si se cumplen las previsiones, y quizá para desgastar aún más a un Macron que no avanza en su intención de ser el ‘padre’ de la UE moderna.Sucede algo parecido en Alemania, donde Olaf Scholz y su Gobierno no pasan por su mejor momento, y eso se ve en los sondeos. El SPD es tercera fuerza en muchos de ellos, con los conservadores de la CDU liderándolos y la ultraderecha de AfD ya consolidada en la segunda posición en algunos cosas. El Ejecutivo semáforo se ha visto asolado por la crisis energética, una sombra importante de recesión o su posición sobre Gaza; el desgaste es mayúsculo y al canciller le pesa no solo la sombra de Angela Merkel sino también un contexto internacional en el que no se está sabiendo mover. Una caída suya además sería un golpe para los socialdemócratas europeos, que solo mantienen cuatro gobiernos nacionales (Alemania, España, Dinamarca y Malta).Las elecciones europeas son además una buena prueba para ver la salud del Ejecutivo de Giorgia Meloni en Italia. Y de momento está lejos de estornudar, siquiera. La propia primera ministra encabezará de manera simbólica la lista de su partido, Fratelli D’Italia, que lidera los sondeos y mantiene una distancia muy importante sobre el PD, que se queda en un segundo puesto. A Meloni le está saliendo bien su atlantismo y su pragmatismo en la esfera europea, y las polémicas a nivel nacional -por ejemplo con asuntos como el derecho al aborto- no suponen un desgaste para su gestión, que ya ha cumplido los dos años. Además, no tiene grandes rivales de entidad porque el resto de formaciones bien están centradas en relanzarse, como el propio PD con Elly Schlein, o aguardan dentro de la coalición en un segundo plano, como es el caso de Matteo Salvini.Otro que puede medir su fuerza es Donald Tusk en Polonia. El caso polaco es particular para la Unión Europea, porque su cambio de Gobierno hace solo unos meses sirvió para que se diera un viraje importante: tras varios años de Ejecutivo de derecha radical con Ley y Justicia la llegada de Tusk al poder ha acabado con un ‘enderezamiento’ de las relaciones con Bruselas, además de un apoyo cerrado a Ucrania. Pero las europeas llegan muy pronto para la coalición de centroderecha, que no es favorita en las encuestas. Una victoria, de nuevo, del PiS puede dibujar un escenario complicado en el que, por otro lado, los países del Este están en disposición de reclamar un ‘top job’ en la Unión dado el mapa geopolítico de estos años.

Más allá de estos nombres aparece el de Viktor Orbán. El primer ministro húngaro, gran china en el zapato de la UE, volverá a ganar las elecciones europeas, con un sistema para muchos viciado y con unos comicios que además anticipan la vuelta de su partido, Fidesz, a una familia política tras su expulsión del PPE en 2019 por su «erosión del Estado de derecho». Orbán, a la vez, tiene por delante la presidencia de Hungría del Consejo de la UE, que arranca el próximo 1 de julio y que puede ser, según los expertos, un momento de freno en las dinámicas legislativas de la Unión. Las elecciones de junio, como vemos, no van solo de poner un voto en la urna.

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